viaje infernal… oullea
Monday, 2 de June de 2008 por Oscar
Hola personas, voy a contaros una historia relacionada con un viaje. Que bonito pensareis vosotros, nos van a hablar de pajaritos y monumentos. ¡Pues no!!!, este no va a ser un cuentecillo desenfadado tipo Willie Fog. ¡No!, esta será la narración máximo hardcore con cierto regustillo malsano de una experiencia súper bizarra, una historia de tintes escatológicos, esta será la crónica de un autentico Viaje al infierno… Oullea.
Corría el verano de 2001. El nuevo siglo había llegado, y yo con el. Como buen aficionado al heavy que he sido toda mi vida, me encontraba ansioso por asistir a uno de los eventos mas salvajes de la temporada, un acontecimiento para el que me venia preparando hacia meses con inquietud, una ilusión una y otra vez pospuesta a lo largo de mi vida por unos u otros motivos. Por fin había llegado el momento de la verdad, me preparaba para asistir al Wacken Open Air. Un festival alemán como pocos en el mundo, puro rock duro y metal del más cañero. Nada de medias tintas, duro como comerse la sopa con un mazo.
Por mediación de un anuncio publicado en metal Hammer (revista especializada en música rock y heavy), pude adquirir antes que se agotaran las entradas del festival junto con el viaje en bus por un precio muy asequible. Sabia que aquello de ponernos en la carretera por dos días del tirón y atravesar media Europa era una experiencia dura, pero también me emocionaba el hecho de saber que en este tipo de viajes se conoce mucha gente, gente interesante. ¡Interesante de verdad!!!.
El trayecto de ida fue bastante tranquilo, todo lo tranquilo que se puede pedir a un vehículo lleno de melenudos hiper-excitados deseosos de Cerveza fresca y decibelios, en realidad y para ser totalmente sincero pienso que aquel lugar era sin duda, la pesadilla grotesca de cualquier fan de Britney Spearks o Paris Hilton. Dos días viendo videos de grupos sin parar ni un solo instante, dos días con una humareda digna de cualquier película de Christopher Lee, dos días de minis de calimotxo y botas de vino de la tierra. Es aquí, en este entorno, donde conocí a las dos criaturas protagonistas de esta historia, a decir verdad no recuerdo sus nombres, a si que a partir de este momento me referiré a ellos como Abbott y Costello.
Imaginad a un cazador de patos americano, el típico tío barrigón con la cara coloradota y la panza mas dura que una roca, con el mil veces visto atuendo de camuflaje que tanto gusta en esos entornos rurales, la gorra a juego sobre una cabeza pelona y las botas de militar del año 70, la versión hardcore del cantante de pantera, pues este era Abbott. Y ahora imaginad a Adrian Brody, el novio de la Elsa pataky, el protagonista de “El pianista”, pues pensad en este actor totalmente pasado de rosca y hecho polvo, con la mirada perdida y sin capacidad para articular dos frases seguidas con sentido. Pues este amiguitos, este era Costello. Dos criaturillas hechas la una para la otra, el yin y el yan del Apocalipsis, la antitesis del Fen sui.
Nada mas abrirse las puertas del Autobús al arribar en nuestro destino, estos dos seres del inframundo salieron corriendo como alma que lleva el diablo y se adentraron entre la muchedumbre. Yo creo, sin andar muy desencaminado, que ni siquiera plantaron la tienda de campaña, que durmieron en el bosque cercano junto a los lobos y demás especies autóctonas. En aquel momento Me olvide de ellos y dedique mi tiempo a disfrutar con unos amiguetes valencianos que conocí durante el trayecto de aquel maravilloso entorno. La hidro miel (una bebida típica de los países nórdicos), las mujeres bellas y los Conciertazos fueron la tónica general durante aquellas tres entrañables jornadas.
Pero tristemente el festival acabo, llego la triste hora de volver al hogar, la verdad todo muy triste. Después de tres días sin parar ni un solo instante disfrutando de lo mas granado del panorama musical, subimos al autocar totalmente exhaustos, bueno, todos menos Abbott y Costello, que aparecieron de entre la neblina mañanera totalmente pasados de vueltas dando saltitos de emoción. Se colocaron en la parte trasera del vehículo, y se acomodaron con la cabeza dando vueltas sobre su propio eje. La tragedia se mascaba en el ambiente, la desgracia era palpable, aquellas dos criaturas no paraban de reír y reír como si se encontraran en Las Vegas disfrutando de un show del mismísimo Benny Hill, y en realidad, era en un 99´9% probable que en su tremendo colocón así fuera.
No llevábamos ni dos horas de trayecto y Costello empezó a dar brincos entre los asientos pisoteando alegremente a viajeros y viajeras, con una caja de medicamentos medio vacía en sus huesudas manos cantando extrañas cancioncillas salidas de algún libro infantil, mientras Abbott le animaba dando palmas y tatareando otra tonadilla totalmente diferente a la de su amigo. En aquella demencial situación el tío se paró en seco, saco de uno de los bolsillos de su chaqueta una botella enterita de Jack Daniels, y ante la vista de todo el pasaje, en un alarde de pericia etílica, la vació en pocos segundos a través de su gaznate, con un eructo nos hizo saber a todos que le había sentado estupendamente.
–Viva el rock- proclamo el angelito mientras retornaba a su asiento por unos segundos al lado de su compañerete.
A la sexta hora de viaje aquello se torno insoportable, el tipo se aproximaba peligrosamente al conductor de forma aparatosa y estremecedora, a la vez que realizaba un baile cada vez más siniestro, más espasmódico. Algunas personas se colocaron por turnos a modo de barrera humana para evitar que aquella masa informe entorpeciera el trabajo del Chofer y nos enviara de morros a una cuneta holandesa, que por cierto son igual de jodidas que las españolas. Se acercaba el momento de la primera de sus desgracias. En su pirotécnica danza, Costello se acerco a un oso pardo de dos metros que descansaba placidamente junto a su novia y le propino una patada en la cara a modo de Kung fu, el mostrenco en cuestión se levanto de su asiento chirriando en sus articulaciones, y con un movimiento pendular y un gruñido, dejo caer su enorme cabeza de mas de 2000 kilos sobre la nariz de Costello que callo hacia atrás como fulminado por un rayo, sin conciencia, en el país de los duendes. Durante varias horas no volvió a dar ni un problema, Y todos respiramos aliviados.
Tras un periodo de calma regresó la tormenta, empezamos a notar que algo no iba bien. Hacia horas que Costello no daba señales de vida, todo estaba aparentemente tranquilo, y sin embargo se respiraba un tufillo malsano, ¡nunca mejor dicho! Algunas personas empezaron a quejarse de un olor nauseabundo proveniente de la parte trasera, justo del lugar que ocupaban nuestros amigos, además Abbott no paraba de reírse mientras Costello permanecía en silencio total con la mirada perdida en el techo, como aliviado. Llegado el momento la fragancia se hizo tan insoportable que tuvimos que detenernos en una estación de servicio francesa, y es allí cuando descubrimos la terrible y desgarradora realidad, Costello se había cagado por la pata abajo, el tío tenía una de las piernas de su vaquero azul clarito, totalmente encharcada de mierda, Marrón Marrón. Se conoce que la mezcla del Wiski, las pastillas, los antidepresivos, los ositos de colores y solo dios sabe que más guarradas que el tipo tenia en su poder, le habían relajado el esfínter de tal manera que no había sido capaz de contener el aluvión de mierda almacenada durante tres días. Aquello era un espectáculo dantesco.
Uno de los organizadores del viaje tuvo que obligar a Costello a que se limpiara en los aseos de la estación de servicio y se cambiara de pantalones, este a regañadientes accedió mientras el conductor del autobús limpiaba el asiento de Kinder sorpresa, y maldecía el dia en el que se formaron los Deep Purple allá por los años 70. Una vez en el water, Costello le proporciono a algunas familias francesas algo de que hablar durante décadas, un montón de gente de al otro lado de los pirineos observo con estupor, como un españolito nada parecido a Alfredo Landa, se quedaba en pelotas, en cueros, como dios le trajo al mundo, y allí en medio se limpiaba toda la caca en los lavabos que sus pequeños vástagos acababan de utilizar de forma higiénica y respetuosa. A aquella criatura huesuda, desnuda, blanquecina, solo le faltaba gritar ¡mi tesoro!!! Para que aquello fuera una película de miedo en toda regla. Los franceses salían gritando del baño a borbotones con la segura intención de no volver a degustar una Crepe de chocolate en su vida.
Reiniciamos el viaje con la certeza de que nada seria nunca mas igual para ninguno de nosotros. Una experiencia traumática que todavía colearía unas horas mas, porque aquel ser monstruoso lejos de calmarse empezó a volverse más y mas violento a medida que llegábamos a la frontera.-yo soy la madre del rock-. La situación se volvió insostenible, a si es que por una democrática mayoría, y tras unos aplausos nerviosos, decidimos dejar a aquel muchachillo abandonado en territorio francés para siempre jamás. El bus se detuvo, pero al bajar ordenadamente y sin que nadie le pusiera de nuevo la mano encima, Costello en su emoción de estirar las piernas, tropezó y callo de boca al suelo haciéndose una herida del todo desagradable. Si antes no se le entendía, imaginad con dos dientes de menos, Abbott no paraba de reír y disfrutar con la situación.
Llamamos a una ambulancia del país y esta llego bastante rápido, pero los sanitarios al ver a Costello y ser amenazados de muerte con un sacacorchos, pusieron pies en polvorosa maldiciendo en la lengua de los galos. Volvimos a llamar a otra ambulancia que por fin y tras una ardua negociación (mas bien suplica por parte del conductor y organizador del evento), accedió a llevárselo al hospital mas cercano, eso si atado de pies y manos a la camilla. En aquellos momentos de dulzura, mientras todos mirábamos con estupor y tristeza a partes iguales la partida de la mojama humana en la que se había convertido aquel personaje, este nos devolvía el gesto con ojillos cristalinos moviendo la cabeza de un lado a otro como poseído por el espíritu de Linda Blair, asegurando con convicción que nos iba a matar a todos, ¡que majete!. Lo más tierno sin embargo, fue su amigo Abbott, que entre brindis de cerveza de la región y juramentos de amistad eterna, le emplazaba para una fiesta en su casa al fin de semana siguiente. –Dame un telefonazo- le decía esperanzado entre sinceras lagrimas y nuevos cánticos infantiles.
En ese lugar, en ese instante, en un momento de sinceridad, Abbott se confeso, Resulta que los dos se conocieron en el autobús de ida, nunca se habían visto en su vida, eran de dos regiones totalmente diferentes del país. Pero el hecho es que compartían su amor por la politoxicomania,y ya se sabe que las aficiones comunes unen mucho, el caso es que se habían caído muy bien. Y con el puño sobre su pecho, con la camisa abierta en otro momento inolvidable, Abbott se giro hacia nosotros y con solemne integridad proclamo a los cuatro vientos tras un eructo de emoción –amigos, ¡ya podemos volver a casa!!-. Exhaustos y sin fuerzas para replicas, seguimos su consejo, y entre un mágico y entrañable hedor a mierda revenida, regresamos a nuestros hogares contentos eso si, de seguir con vida.